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Derechos humanos, migración y participación


 

 

In memoriam a los mártires de Lampedusa
“Todos somos extraños casi en todas partes” (Karl Valentin)

Todos los pueblos del mundo se originan en las migraciones, se encuentran migrando o se están preparando para hacerlo. La migración es la condición normal del ser humano. Sin embargo, bajo las condiciones del sistema mundial capitalista la mayor parte de las y los migrantes no abandonan sus lugares de origen por una decisión voluntaria, sino forzadamente. Étienne Balibar ha dicho que “la migración es el fenómeno político mayor de nuestro tiempo”, pero involucra la vida en dimensiones tales que los autores de esta página hemos preferido denominarla “el fenómeno biopolítico mayor de nuestro tiempo”.

Desde el surgimiento del Estado moderno en el siglo XVII el soberano se ha arrogado el derecho a decidir sobre la composición demográfica del pueblo que pretende gobernar. Con el surgimiento de las naciones ese pueblo ha adquirido perfiles étnicos y culturales homogéneos, ajustados al imaginario nacional en cuyo nombre se legitima la dominación. El advenimiento de las democracias, finalmente, ha trazado según criterios nacionales los límites de la comunidad de los ciudadanos. Toda comunidad nacional implica que alguien sea tachado de “extraño” y quede afuera de la ciudadanía.

En ese contexto los atentados del 11-09-01 fueron utilizados por los países centrales para justificar el tratamiento de las migraciones internacionales desde ópticas de seguridad. Toda persona o grupo “extraño” se convirtió en una potencial amenaza.

Moviéndose en dirección contraria los países de América del Sur han puesto en la última década un verdadero mojón civilizatorio. La ley argentina de migraciones de 2004 y la uruguaya de 2008 establecieron el derecho humano a la migración como fundamento de sus políticas migratorias. A través del Acuerdo para la Libre Circulación de Nacionales del MERCOSUR, Bolivia y Chile de 2002 que entró en vigencia en 2009, de los acuerdos sobre libre circulación de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), de la UNASUR y de múltiples convenios bilaterales surgió en el subcontinente una zona de libre circulación de las personas que llevó recientemente al establecimiento de la ciudadanía sudamericana.

Como los derechos humanos están interrelacionados, tomar el derecho humano a la migración como base implica reconocer que todo ser humano que migra lo hace con todos sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Por consiguiente, el derecho humano a migrar es un parámetro para medir el conjunto de las biopolíticas.  Esta página es el resultado de una larga tarea de investigación, docencia y publicación que los autores hemos realizado tanto juntos como separados. Su objetivo principal es poner en circulación nuestra producción sobre las múltiples interrelaciones entre derechos humanos y migraciones internacionales. Asumimos, además, que nuestros esfuerzos investigativos sólo pueden realizarse en un marco de coherencia ético-política que nos obliga a concebirlos como una práctica teórica tendiente a la construcción de una comunidad organizada sobre la base de los derechos humanos y una ciudadanía plenamente inclusiva.

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